SOBRE EL LIBRO:
¿Qué quién soy y, por tanto, a qué se refiere mi última frase?
Pues nadie más y nadie menos que una modesta servidora del rey, del rey de las Españas. Una tan humilde como cualquier otra, sin duda; aunque a la vez encargada de una misión desde luego muy especial. Sí, porque mi cometido, a pesar de que extrañe y sorprenda, no consiste en otra cosa que en acopiar libros. Única y sencillamente me ocupo de acumularlos. Eso sí, lo hago por encargo y para una persona dotada de un inmenso poder; quizás, de hecho, para la persona más poderosa de nuestro tiempo: mi propio monarca. En pocas palabras, mi oficio no es otro que el de acumuladora; en concreto, el de acumuladora de libros. Mas, esto, con el fin de guarecerlos en un lugar verdaderamente irrepetible –eso sí-, el real monasterio-palacio de El Escorial. Pero por qué puede importar el trabajo de alguien como yo, alguien que amontona libros para su majestad, el felicísimo y prudente Felipe II. Pues, lo explico: porque los libros conforman las mentes. Ahora bien, las mentes a su vez conforman las vidas. Y, por descontado, las mentes del soberano de casi la totalidad del planeta, y las de sus consejeros o sabios, influyen en la existencia, como se comprenderá, de un sin número de gentes.
Esto, a través de sus decisiones y planes, de unos actos y determinaciones revestidos de un alcance auténticamente global, ya que su larga y fuerte mano llega hasta los cinco continentes. Por eso, lo que se introduce en el seno de tales mentes, por medio de los libros, resulta, al cabo, algo absolutamente crucial.