Los filósofos, aunque no solamente ellos, tendemos por lo general a tener dos vidas, la de nuestros pensamientos elevados, y por contraposición la real de nuestra cotidianidad, a veces incluso miserable por incapacidad de alcanzar lo perfecto. Sin esa disimetría no habría ética, es decir relación entre lo que se es y lo que se debe ser. A veces, sin embargo, algunos pensadores escapan a esa diplopía y viven y mueren como hubieran querido y debido vivir y morir, y ese es el caso de Karl Jaspers. Por eso, tanto en su pensamiento como en su existencia personal concreta, tiene Jaspers siempre sus pies puestos en una delgada arista. En efecto, su quebradiza salud personal desde la infancia, lejos de desesperarle, le abre a la intensificación de todo su ser: «Es asombroso el amor a la salud que genera un estado morboso en sí estacionario. La salud precaria que en éste subsiste se torna más consciente, más preciosa, acaso más sana casi, que la normal». (Del prólogo de Carlos Díaz)
INTRODUCCIÓN / I. INFANCIA Y JUVENTUD / II. PSICOPATOLOGÍA / III. PSICOLOGÍA DE LAS CONCEPCIONES DEL MUNDO / IV. RICKERT / V. FILOSOFÍA / VI. ERNST MAYER / VII. LA UNIVERSIDAD / VIII. PENSAMIENTO POLÍTICO / IX. LÓGICA FILOSÓFICA / X. TEOLOGÍA Y FE / FILOSÓFICA / XI. IDEA DE UNA HISTORIA UNIVERSAL DE LA FILOSOFÍA / XII. SOBRE MIS ESCRITOS EN SU CONJUNTO / XIII. LA VEJEZ