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(…) la vida de cada santo es una poema ejemplar, luminoso, irrepetible cuyo verso final lo pone el abrazo de Dios. Es precisamente la santidad humana el paisaje en que se detienen las poesías de este libro como en un locus amoenus en medio del trasiego febril y materialista de nuestro tiempo. En manos de Matesanz, la semblanza de cada santo sale de las hornacinas que a veces los acartonan para devolverles su temblor humano, la vívida realidad espiritual que envolvió su existencia. (…) La lectura de estos poemas afianza una convicción poderosa: que la poesía es un instrumento de evangelización, una luz con dos haces: uno dirigido al creyente y otro, de más alcance, al no creyente. Como los faros de un coche. Las luces cortas, las de cruce, iluminan al creyente sobre algunos aspectos de la verdad evangélica en los que no había reparado y que pueden servirle de meditación e incluso de oración. Las luces largas, las de carretera, aspiran a llegar al no creyente y deslumbrarlo como a Saulo en el camino de Damasco, hacerlo caer dulcemente… (De Daniel Cotta, en el prólogo)
Rafael Matesanz (1933, Prádena – 1999, Segovia) fundió su vocación de poeta y sacerdote desde 1961. Estudió en el Seminario de Segovia y en la U. Pontificia de Salamanca. Ejerció su labor sacerdotal en parroquias segovianas (Madrona, Santo Tomás, S. Millán, Santísima Trinidad, S. Esteban) y en actividades apostólicas como la Cofradía de la Fuencisla, Acción Católica, Misioneras de Acción Parroquial, Apostolado Rural y Monjas cistercienses de S. Vicente el Real. Desde 1965 fue profesor de religión en el Instituto de Bachillerato Andrés Laguna.